Enfrentando mi destino: La historia de José

72764363Amigos, hoy quisiera contarles una historia que es tan desgarradora como inspiradora, que pasa por lo triste y termina arribando a la esperanza: la historia de José.

Antes de comenzar quisiera aclarar que lo que estáis a punto de leer pudiera herir la sensibilidad de algunas personas. Esta es una historia verídica que a algunos indignará, a otros reconfortará, y a otros más les dejará, como a mí, con la mandíbula por el suelo.

José, un niño religioso.

José fue siempre un niño cortés y amable, muy solidario con su prójimo, muy aplicado en sus estudios: el hijo que todo padre desea tener. Tras años de una profunda educación católica, José creció y descubrió que su Fe era mayor que cualquier otra de sus motivaciones, y decidió ingresar al Seminario para cumplir su objetivo de vida: ser un Cura católico y ayudar a su comuna desde este lugar tan cercano a su corazón.

Terminados sus estudios, siempre destacable de entre sus pares, José finalmente se convirtió en lo que durante toda su vida había querido ser. Tan caballero y cordial como siempre, pasó sus primeros dos años como Cura en una ciudad pequeña latinoamericana. Respetado por la comunidad eclesiástica y muy querido por los fieles, José un día notó algo extraño en su ser. Una inclinación, un gusto hacia lo desconocido. ¿Sería acaso su curiosidad por el sexo? Pues no, ya que siempre previsor, José disfrutó de una vida sexual en su juventud, quitando esa tentación curiosa de su vida para siempre.

Sin embargo, había algo allí. Con bastante temor, José consultó a sus amigos, a sus pares, y observó su vida con detenimiento. Y un día la verdad se hizo presente: José descubrió su homosexualidad.

“En el momento fue terrible”, comenta. “Tenía miedo, y sabía que durante toda mi vida había aprendido que la homosexualidad es un pecado”. Intentó eliminar su identidad sexual, olvidarla, esconderla muy dentro de su ser, pero no pudo vivir una mentira: notó que, pese a su amor por la Religión (que había sido su faro para la vida), no podía profesar algo que en su propia vida era contrario a su propio ser.

Aterrado, desconsolado pero siempre conciente de su propia realidad, José se retiró de sus actividades eclesiásticas y se dirigió donde el Arzobispo y le fundamentó su decisión de abandonar sus actividades. Atónitos y decepcionados, sus superiores le concedieron un año de retiro espiritual, para que – en sus palabras – “viviese una vida social ordinaria, tuviese tiempo para contemplar su realidad, y volviese a la Iglesia que, luego vería, era su única realidad”.

Un poco abatido por la respuesta obtenida, José se retiró y batalló por su identidad. Es que él es homosexual, pero vivía en contra de lo que siempre había sentido como “verdadero” y fundamental. Pero cuando su realidad fue completamente innegable, José retornó al arzobispado y presentó su renuncia definitiva. Teniendo en consideración el amor que José despertaba en su comunidad, y la cantidad de fieles que concurrían a su Iglesia gracias a sus palabras y carisma, el Arzobispo le solicitó reconsiderar su decisión. “aquí es donde se pone bastante peludo – dice José – porque me pidieron que viviera la vida que yo deseaba vivir, pero que no abandonara la Iglesia”. En pocas palabras, el mensaje recibido fue “se homosexual, tan sólo no dejes que tus fieles lo sepan.

Completamente indignado, José abandonó las oficinas de inmediato, armó sus bolsos y se mudó a otra ciudad. Cuenta su historia con lágrimas en los ojos, es en verdad desgarrador ver cómo ama la fe (ya no la Iglesia o, mejor dicho: ya no a los representantes superiores de la Iglesia). Hoy José colabora con su nuevo prójimo en salas comunitarias, brindando asesoría y consuelo a jóvenes homosexuales y heterosexuales en busca de entendimiento y aceptación de la realidad.

Para José, la fe está en el corazón. “La Religión, para mí, y en particular esta religión tiene mucha sabiduría, pero aprendí que quizás no todo lo que profesa es una verdad innegable. Hoy vivo mi vida según los preceptos católicos de hermandad, solidaridad, compasión y aceptación de los otros… tal y como aprendí durante toda mi vida, aunque contemplando la realidad que tengo el goce de vivir”.

* El nombre de José ha sido modificado para proteger su intimidad.

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2009 (c) Alfredo Carrión Vermiglio

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{ 1 comentario… léelo más abajo oagrega uno }

jairo febrero 25, 2010 a las 03:31

talvez la forma pequeña d algunos cerebros no permiten entender que no somos emfermos si no seres llenos de amor, quizas son tan pequeñas sus neuronas que solo tratan de agobiar lo poco que tienen de personalidad “hombres” “mujeres”.
Estamos en un proceso en el cual no solo tenemos nosotros mismos que aceptarnos y no estar tapando la personalidad con pequeñas poses en las cuales no solo salimos dañanos , sino que al contrario trae mas consecuencias de el mismo hecho de aceptarse asi como se es. Yo me acepte y vivo feliz con mi pareja desde hace ya 4 años y pensamos en casarnos porque tenemos claro lo que somos lo que queremos y para donde queremos seguir realizandonos, . No desfallescan pensando en que lo que se pudo haber hecho y no se hizo, al contrario realisate y logra cumplir tus sueños al final solo hay una sola vida y esa te pertenece. Pero sobre todo cuidate y cuida de quien tienes como compañero ese es el tesoro mas grande no lo pierdas.

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