La importancia de pertenecer a la tribu

Joe Kort, autor de “Gay affirmative therapy for the straight clinician”, y un exponente en la terapia afirmativa gay a nivel mundial, comenta en su libro lo importante que es para sus pacientes sentir que pertenecen a algo más grande (una familia, un grupo de amigos, una “tribu”) desde el momento mismo de la niñez. Hoy voy a explayame un poco al respecto.

La terapia afirmativa (o GAT) intenta presentar el concepto de la aceptación de los niños como entes sexuales no activos, noción muy debatida por terapeutas y diversos profesionales, así como por parte de personas comunes. Desde el punto de vista de la GAT, los niños son entes sociales, culturales y sexuales, aunque no “practicantes” de tal sexualidad. Por ende, la homosexualidad puede existir en ellos y es inherente a los futuros hombres y mujeres homosexuales, sin siquiera que ellos mismo lo sepan, menos aún que lo profesen o vivan de acuerdo a ello.

Y aquí entra en juego el asunto de la pertenencia. Los (hoy) adultos gays alguna vez fueron niños gays, y en el común de ellos, en su gran mayoría, afirman “siempre haberse sabido diferentes”. No sabían ni cómo ni por qué eran diferentes, pero les resultaba evidente que lo eran. Luego, con el despertar sexual y emocional o romántico, los niños deben asimilar esta sexualidad, y es cuando las bromas pesadas y los comentarios ofensivos actúan como verdaderas bombas de guerra sobre su autoestima y sobre su conformación de identidad.

La falta de conocimiento y la falta de aceptación social hace que la homosexualidad sea “la oveja negra dentro del rebaño blanco”. En la escuela, los niños son tildados como afeminados cuando no resaltan en los deportes, las niñas son tildadas de marimachos cuando no se comportan de manera delicada, ni utilizan vestidos y barniz de uñas. Esto resulta ofensivo para cualquier persona, pero cuando se trata de un homosexual, el problema es más doloroso. Empieza a nacer una falta de adaptación a sus compañeros, a la escuela que no los contempla, a la Iglesia que los niega, a las comunidades que los ignoran. Y esta ausencia del sentido de pertenencia puede convertirse, poco a poco, en un verdadero problema para su formación como seres adultos, tanto a nivel social como también emocional y romántico.

Quien crece en un ambiente que lo niega, que lo esconde como a un secreto oscuro , que afirma que “la gente con la que sí puede verse conectado o reflejado” es no menos que una abominación (religiosa, cultural, de algún tipo), tiene luego grandes problemas en lograr representarse y comportarse de manera natural y orgánica frente a sus iguales, en una pareja, en una entidad social como una familia o un grupo de amigos. Aparecen así los conflictos en la confianza en los demás, en la consecución de la felicidad, en encontrar un lugar confortable en un mundo que les había cerrado puertas y ventanas.

Los niños que “saben que son diferentes” y no hallan su lugar dentro de su grupo de iguales tienen dificultades de socialización. Se les ahoga, se les impide la libertad.

Por ello, muchos grupos de integración luchan por eliminar estos comentarios ofensivos, en particular mediante la educación dirigida en las escuelas, desde la infancia. Después de todo, el mundo sería diferente (¿acaso mejor, verdad?) si educáramos a los niños con la noción de aceptar las diferencias, de que los comportamientos no hacen a la identidad en un ciento por ciento, y que cada quien está en libertad de ser quien es. De eso se trata la lucha por la integración y la eliminación de la alienación: proveer a los niños de un ambiente representativo en crisol de personalidades, en el que puedan desarrollarse como entes sociales, y en el que puedan combatir y eliminar la desoladora sensación de la falta de pertenencia, con total integridad, libertad, y aceptación.

Este artículo se basa en el libro “Gay affirmative therapy for the straight clinician – The essential guide”. Joe Kort, 2008. W. W. Norton & Company, Inc.

{ 2 comentarios… léelos más abajo oagrega uno }

Daniel enero 30, 2010 a las 06:49

Espero que llegue el momento en que podamos aceptar nuestras diferencias, sobre todo que los niños y adolescentes y todos aprendan a respetar a las otras personas, porque el rechazo hace muchísimo daño.

Excelente articulo como siempre Alfredo, me encanta leerte 🙂

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Alfredo enero 30, 2010 a las 08:48

Como bien dices, el rechazo hace muchísimo daño. Especialmente el rechazo por parte de las personas con las que compartes tanto tiempo desde pequeño: tus familiares, tus compañeros del colegio o del instituto, tus profesores…

Para que los niños y adolescentes aprendan a respetar a los que somos distintos es preciso que primero cambie la mentalidad de los profesores y adultos que están a su cargo. Son los profesores los que deben sembrar y cultivar la tolerancia y la apertura en las escuelas. Asímismo, son los padres y tutores los responsables de hacerlo en los hogares.

Sólo así podremos estar seguros de que en un futuro cercano los problemas derivados de esta sensación de “no encajar”, de “no ser parte de nada” serán evitados.

Veo en el futuro a más adultos LGTB diciendo cosas como: “Sabían desde pequeño que era gay, y me sentí muy aceptado y siempre muy amado”.

Un abrazo enorme, Daniel. Me encanta que a la gente le guste el blog 🙂

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