Soy gay, pero sólo me gustan heterosexuales

Después de cumplir 20 años empecé a ser bastante promiscuo. No soy el único: durante el proceso de integración de nuestra identidad sexual* suele haber una época en la que todos somos algo promiscuos. Es como una segunda adolescencia. Lo he visto muchas veces, en hombres y mujeres LGTB, y en mí mismo.

No es ni bueno ni malo: es una etapa por la que solemos pasar.

A veces lo comparo mentalmente con las películas de superhéroes: acabas de descubrir tus superpoderes y quieres utilizarlos y divertirte con ellos.

Como iba diciendo, fui bastante promiscuo después de cumplir los 20. La mayor parte de las personas con las que me acosté eran heterosexuales. De hecho, uno estaba casado y tenía un hijo. ¡Mal por mí!

Las mujeres lesbianas y los hombres gay tenemos una buena cantidad de oportunidades de terminar deseando o enamorándonos de heterosexuales. Al fin y al cabo, hay más heterosexuales que personas LGTB y nunca sabes con certeza a quién le gusta qué.

Y eso no lo puedes controlar.

Pero hay otras cosas que sí puedes controlar y con las que puedes hacer trabajo interno y externo.

Terminas enamorándote de heterosexuales porque no hay ningún gay a la vista

¿Cuántos gay conoces? ¿Cuántos de ellos son amigos tuyos? No tener una red de amigos y conocidos LGTB va a disminuir considerablemente la probabilidad de que termines enamorándote de alguien que te pueda corresponder. Es un problema que afecta a jóvenes y mayores por igual, aunque en el caso de los jóvenes (y en especial adolescentes) es un poco más difícil de solucionar ya que no es mucha la juventud LGTB que demuestra de forma abierta su orientación afectiva o sexual.

Cálzate los tenis y sal a conocer gente. Busca asociaciones LGTB en tu ciudad, ve a discotecas y bares de ambiente, pídele a tus amigos gay que te presenten a sus amigos gay, o utiliza las webs de contactos para invitar a salir a los perfiles que te interesen más. No pienses en conocer gente sólo porque podrían ser tu próximo Romeo. Haz amigos, ábrete a ellos, aprende a tener una relación de amistad con otra persona no-heterosexual antes de querer meterte de lleno en una relación. Además, tus nuevos amigos podrán presentarte a sus amigos, uno de los cuales podría ser el hombre (o la mujer) que buscabas.

¡Que no sea muy gay, por favor!

Buscar a alguien “discreto, sin plumas y muy macho” es como decir: “Me atraen los hombres negros, pero sólo los que se parecen exactamente a Beckham”.

No hay nada malo en que las Drag Queen no te pongan, pero si ya es difícil encontrar a una media naranja gay, más difícil lo tendrás si quieres a un gay que no parezca gay por ningún lado.

En algún momento el hombre gay más masculino que conozcas dirá en voz alta que es gay (¡Yo no le conozco!), en algún momento se reirá más de la cuenta (¡Uy, seguro que los de la mesa de al lado se han dado cuenta de su risa gay!), o dejará caer la mano hacia un lado (¡Oh, dios, qué vergüenza!). Peor aún: si estáis en una discoteca podría ponerse a bailar (¡Sáquenme de aquí! ¡Es demasiado gay!).

Esta vez el trabajo está en tu mente: la homofobia interna va a ser un lastre a la hora de conocer chicos o chicas LGTB. ¿La mejor forma de combatirla? Haciéndole frente.

Sal con alguno de esos chicos que te dan repeluz. No es necesario que te acuestes con él: la idea es que le conozcas y veas que no hay nada de malo en los chicos con plumas, no tan discretos y con buen sentido del ritmo.

De hecho, verás que son seres humanos con mucho que aportarte.

De nuevo: los otros hombres gay (o chicas lesbianas) no sólo están ahí para que te acuestes con ellos. Experimenta el poder de la amistad.

El amor platónico es más seguro

Otra explicación para que termines enamorándote siempre de heterosexuales es que lo sientes más seguro. Aquí entra en juego tu subconsciente, que sabe con certeza que si te fijas en una persona que esté fuera de tu alcance no tendrás que pasar por lo que significa tener una relación sentimental seria con otra persona.

¿Por qué? Porque una relación de este tipo puede ser demasiado para alguien que no está preparado. Y si tu subconciente cree que no estás preparado… ¿qué mejor manera de ejercitar el corazoncito que enamorándote de personas con las que difícilmente podrás estar?

Con el tiempo madurarás emocionalmente para estar preparado para este tipo de relación. Aprende a amarte a ti mismo (aunque suene cliché, es el primer paso para amar con efectividad a otra persona), aprende a construir amistades fuertes y profundas y, finalmente, podrás aprender a amar a ese alguien que esté disponible para ti.

He mencionado que es difícil que un heterosexual termine interesado en ti. Sin embargo, al principio de este post conté que la mayor parte de chicos con los que me he acostado eran heterosexuales.

En mi caso entraban más variables a la ecuación: la noche (que confunde a cualquiera), alcohol a cantidades industriales y una amistad cultivada con anterioridad.

Además, soy tan lindo que era difícil que se resistan a mis encantos.

Aún así, tienes que tener en cuenta el resultado: revolcones de una noche seguidas, muchas veces, de insatisfacción y arrepentimiento.

Para un hombre gay, un heterosexual no es un buen partido.

Muchas (muchísimas) veces he escuchado la misma queja: ¡Siempre me enamoro de heterosexuales! Y sea porque no conoces a ningún gay de quien enamorarte, porque tienes miedo a lo que huela a “gay” o porque no estás preparado para experimentar una relación de a dos, siempre hay algo que se pueda hacer:

  • Expande tu red de amigos y conocidos LGTB
  • Reduce tu homofobia interna
  • Prepárate para aprender a amar (de verdad) a otra persona

Muchas gracias y mucha suerte.

*Proceso de integración de nuestra identidad sexual que nos lleva desde “¿podría ser gay?” hacia “¡Todos tienen que saber que estoy orgulloso de ser gay!” y luego hacia “mi orientación sexual es sólo un aspecto de mí mismo“).

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