Presentación oficial de Euge y un poema de María Elena Walsh

¡Muy buenos días a todos!

Desde hace ya algún tiempo he tenido el privilegio y el honor de ser colaboradora de Alfredo en este blog. Como le he comentado tantas veces, este sitio virtual es un mundo en el que la comodidad y los halagos nunca han de faltar, quizás por eso agradezco tanto esta oportunidad y estoy tan contenta de haber conocido a Alfredo en este mundo repleto de personas.

Ahora sí quisiera presentarme apropiadamente ante todos ustedes. Mi nombre es Eugenia, aunque respondo mejor por “Euge”. Soy argentina de nacionalidad, pero puedo profundizar más al respecto y admitirme mejor como lo que aquí denominamos “una mendocina de pura cepa”. Esto, amigos, significa que estoy orgullosa de mi provincia, de sus paisajes, de sus virtudes y noblezas, que son muchos ladrillos de lo que me ha construido como quien soy hoy.

Y es que todo, los paisajes y los problemas, los amigos y las traiciones, las risas y los llantos son lo que nos hace lo que somos, y sólo va en nosotros aceptarlo, abrazarnos a esa noción, e intentar buscar el camino hacia la felicidad y la satisfacción personal. Eso es justamente lo que me encanta de este blog: es una comunidad en busca de la aceptación, de la integración y, finalmente, en busca de la felicidad. Es lo que me hace sentir tan a gusto aquí: saber que hay en el mundo tantas personas inconformistas con la situación, dispuestos a arriesgar, a luchar, a buscar la manera de construir, entre todos, un mejor vecindario, una mejor ciudad, un mejor planeta.

Al respecto quiero contarles sobre quien ha sido considerada un “prócer cultural” de la Argentina y del mundo: la señora María Elena Walsh. A través de sus escritos, poesías, canciones, y de su misma personalidad, María Elena Walsh ha vivido en perpetua inconformidad, siempre en búsqueda y persecución del bienestar. Debió mantenerse en el armario durante años, en una sociedad en la que el lesbianismo era “cosa de mujeres aburridas y trastornadas”, y no se dejó vencer. Debió limitarse en sus opiniones políticas y culturales en una era de represión ideológica, y tampoco se dejó vencer. Y la razón es simple: cuando el espíritu no reconoce fronteras, entonces no hay barreras que lo frenen.

Como nota final quisiera compartir con ustedes las letras de una de sus canciones más simbólicas y célebres: “Como la cigarra”. Cada quien la interpretará a su modo, y al mismo tiempo todos sabremos comprender esa sed de libertad, esa fortaleza que nace de las tripas cuando somos capaces de sabernos mejor.

COMO LA CIGARRA

Tantas veces me mataron,
tantas veces me morí,
sin embargo estoy aquí
resucitando.

Gracias doy a la desgracia
y a la mano con puñal
porque me mató tan mal,
y seguí cantando.

Cantando al sol como la cigarra
después de un año bajo la tierra,
igual que sobreviviente
que vuelve de la guerra
.

Tantas veces me borraron,
tantas desaparecí,
a mi propio entierro fui
sola y llorando.

Hice un nudo en el pañuelo
pero me olvidé después
que no era la única vez,
y volví cantando.

Tantas veces te mataron,
tantas resucitarás,
tantas noches pasarás
desesperando.

A la hora del naufragio
y la de la oscuridad
alguien te rescatará
para ir cantando
.

Les agradezco a todos esta oportunidad, en particular a Alfredo que es un faro en muchos de nosotros, y no me despido: sólo les envío un fuerte abrazo,

Euge

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