Se premia por matar, se castiga por amar

El Cementerio del Congreso, a orillas del río Anacostia en Washington (una zona relegada y temida) es nada menos que el primer camposanto de Estados Unidos, fundado en 1807. Sus tumbas y elaboradas lápidas representan el último sitio de descanso de Senadores, miembros de la Cámara de Representantes, diplomáticos, arquitectos, exploradores y pioneros, y hasta de un Jefe Indio, aunque la que llama hoy nuestra atención es la de Leonard Matlovich.

¿Qué tiene de especial este nombre desconocido? Pues Matlovich es nada menos que un veterano de Vietnam, un soldado de la Fuerza Aérea condecorado por quitar vidas enemigas en pro de una causa obligada y casi una celebridad en sus actividades militares. Sin embargo, Matlovich fue expulsado de la Fuerza por una razón que hemos conocido bien a lo largo de la historia: era homosexual.

Y es que las políticas contra homosexuales en las Fuerzas Armadas de este país son absurdas, promueven el odio, persiguen abolir la integración y además resultan perjudiciales para sus propias causas. Cuando la identidad sexual de Matlovich se dio a conocer, fue expulsado del Cuerpo, lo mismo que aún hoy sucede con una baja de 800 soldados que son expulsados anualmente por esta misma causa.

Como legado y testamento, la lápida de la tumba de Matlovich reza una leyenda cruda, fuerte, oportuna y lamentablemente real: “Cuando estuve en las Fuerzas Armadas me dieron una medalla por matar a dos hombres y me expulsaron por amar a otro”.

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